En mi pueblo natal, Trujillo, las opciones (no solo médicas) siempre han sido limitadas, pero dada la poca gravedad del asunto, decidieron evaluarme allí mismo. Fue así como asistí a consulta, con la única Oftalmóloga del pueblo, para esa época, la Dr. Esther Quintero, quien diligente y exhaustivamente me evaluó, llegando al revolucionario diagnóstico de “pereza mental”... Fue así como siguiendo sus sugerencias, fui inscrito en una academia de artes plásticas, en donde, pintando al óleo, me curaría de mi pereza mental...
Asistí durante 4 años a la academia de artes plásticas “S. Joaquín Delgado”, allí desarrollé, una vez más, una gran capacidad de adaptación y de compensación relacionada con la percepción del color, memorice combinaciones, mezclas, tonos, etc, etc; solo pintaba con mi paleta, sobre la cual ubicaba estratégicamente los colores que previamente identificaba según sus rótulos; con la ayuda de mi madre, identificaba los colores que debía reproducir, a partir de una foto o postal, y luego los plasmaba en mi lienzo por simple sentido común. Mi pereza mental nunca mejoro...
Hoy, luego de 20 años de aquel diagnostico, ya sé, que simplemente soy uno de los “cinco de cada cien varones” que sufrimos de Deuteranomalía, una de las seis (creo) variantes del genéricamente conocido Daltonismo. Aun me sorprende, y hasta me fascina, como fue eso de que pude “pintar”.
He querido compartir aquí, ya que nadie me hará una exposición ;-) , algunas de mis pinturas.





